|
-¿De esos primeros pasos viene tu gran lanzamiento del vestido con una sola costura?
-Exacto, es como que el tener esa práctica, me incentivó este modelo al cual le debo muchos logros, como toda la línea que hice después de vestidos directamente sin costura. Los realizo con telas envolventes, con botones, con cierres, con trucos…en fin con los recursos que encuentro afín a esa prenda. Me gusta explorar, investigar, hasta lograr el diseño que estoy buscando; como las faldas sin costura, tipo pareo, portafolio. Ahora se utiliza bastante, pero es una línea que siempre me acompañó y determinó mi estilo. De cualquier modo, siempre hay algo nuevo por descubrir.
-¿El nombre propio brinda seguridad a la hora de comprar una determinada prenda?
-Si uno sigue vigente, es porque el público quiere determinada marca y nombre. Vale decir, si yo no tuviera trabajo o bien mis diseños no fueran valorizados por quien los consume, me tendría que dedicar a otra cosa. Y después de tres décadas estoy vistiendo a terceras generaciones. Esa en verdad, es mi mayor satisfacción.
-¿Cambió la mujer en todos estos años?
-Cambió la mujer porque cambió el país. Hay una cantidad de personas que eran de clase media, que no lo son más; y eso hace que no puedan pagar cierta calidad cuando antes lo hacían. Y hay otro espectro que adquirió una posición social mucho más alta y buscan; o marca o calidad. Y en estos momentos aquí no se fabrica prácticamente nada, casi todos los materiales son importados, para poder contar con una alta calidad de géneros. En otro momento fuimos famosos por tener una alta calidad en lanas y algodón. Hoy lamentablemente, se trae todo de afuera y a costos bastante elevados. Porque lo mejor viene de Europa y esto encarece bastante el producto final.
-¿Por este motivo es que se realiza una producción limitada de cada colección?
-Lógico. Desde que empecé con mis boutiques siempre trabajé con una alta calidad, nunca bajé mis estándares, al contrario traté de llevarla al máximo. Gracias a la tecnología textil que da pasos agigantados de desarrollo, tenemos acceso a géneros que utilizan diseñadores europeos, y podemos darnos el lujo de tener hoy lo que se está usando en Europa. Y esto tiene un precio, lógicamente. Porque es exclusividad y altísima calidad.
-¿Y el estilo de la mujer fue variando, es más exigente, está más al tanto de la tendencia?
-El público está divido en partes proporcionales, las hay muy inseguras, que hasta que no le ve algo a la amiga no se lo pone, y la mujer que está muy informada que quiere ser de las primeras en usar determinado estilo o tendencia. Y luego está la mujer clásica, que no por eso es antigua, sino que es muy moderna y que busca determinada calidad y que la prenda perdure por varias temporadas, que sea distinguida. Y en verdad, la gente se tiene que poner lo que le queda bien y no lo que se usa.
-¿De qué manera nace la inspiración para desarrollar una colección, por ejemplo?
-Todo me inspira cuando estoy diseñando, no hay nada que no me inspire; una conversación, leer, ver una pieza de teatro, escuchar música…o simplemente caminar por la calle y ver a la gente…O sea, reconozco que es un don el que tengo, porque no estudié nada de lo que estoy haciendo. Soy un autodidacta que se dejó llevar por este instinto, y por eso muchas veces me he equivocado y he vuelto a hacer, como un chico que no sabe caminar, per prueba y prueba hasta que un día lo logra. Es un paso a paso. Y mi inspiración también pasa por lo que me piden mis clientas en cada prenda; un poco de tendencia, otro poco de clasicismo, y otro tanto de alta calidad y diseño.
-¿Y la gama de colores es inalterable, o vas alternando de acuerdo a cada colección?
-Todos los colores me inspiran, pero no me gustan los colores ordinarios. En los amarillos, celestes, rosas y verdes, hay un tono en su gran gama que me resulta ordinario, y no se lo pondría a ninguna mujer…Me resultan desagradables a la vista, aunque queden bien, no me transmiten nada. Y a las telas las prefiero nobles, como la pura seda natural en todas sus versiones; desde un shantung, un gazar, un satín, un raso, una organza. Y las lanas puras que puedan tener mezclas con cashemere, con angora, con conejo, y mezclar texturas y colores me fascina tanto en el maniquí como en una clienta.
-¿Y una novia con cuánta anticipación tiene que visitarte?
-Lo normal sería seis meses, pero no es porque tarde esa cantidad de tiempo en realizar el vestido, sino es para que ella esté tranquila, compare mi propuesta con la de otros colegas, porque para esa ocasión tan especial es lógico que recurran a varias entrevistas. Y además contar con la seguridad que el género elegido haya llegado a nosotros. Son sesenta días de trabajo en equipo, donde la clienta tiene el 50% de responsabilidad. MI tarea es guiarla, como si ella hubiese hecho sola el vestido. Cumplo el rol de un asesor, como un decorador a un espacio. La idea no es transformarse sino ser ella más que nunca.
-¿Y cuál fue el motivo de esta última colección?
-Cada vez insisto más en que la ropa tiene que dar una sensación de envolvente, como que te envolviste con un género. Y no tiene que ver con una cultura india, griega o romana, mi línea significa que tenga la menor cantidad de costuras posibles a la vista. Solamente las necesarias, es demodé que una prenda esté llena de cortes y de costuras…Y la Alta Costura hoy por hoy pide que tenga mínimas costuras… Y estoy en esto, drapeando, envolviendo, colocando accesorios, viendo todas las alternativas posibles. Mejorando y exigiéndome cada día más, siguiendo mi intuición y mi criterio en cada prenda que saco al mercado. Esa es mi gran obsesión.
Paola Barrera Cortés
|